No supe como titular este post. Pude haberle puesto simplemente “Día de muertos”, pero no me gustaba como se veía. Por eso le puse “Hola”. Porque estoy saludando al mundo. Ja. No. Pero bueno, suficiente de esta explicación (que nadie pidio (ni pediría)).
Hoy no es Día de muertos. Bueno, en México, (no sé si en otros lugares) es Día de los Niños muertos. Se lee feo. Pero (algo) así es. Como sea. Hoy fui al panteón con algunas tías. Curiosamente, cada año voy. Aunque no quiera. Hoy, por ejemplo, me mintieron y me dijeron que iríamos a visitar a una tía que siempre me quiere ver; claro que fuimos a su casa, pero de ahí fuimos al panteón. Llegamos a la tumba de mi familia-o familia de ellos, porque a muchos no los conocí-, a la única persona que recuerdo cuando vamos al panteón (y siempre que es día de muertos (y siempre que pienso en alguien que ha muerto)) es en mi abuelo, padre de mi padre (que es el único abuelo que ha muerto (mío)). Cuando era pequeña, me gustaba ir al panteón, realmente sentía que él estaba ahí, esperándonos, más bien, esperándome. Le escribía cartas con todo lo que había pasado conmigo, las cosas que me hacían feliz, las cosas que me hacían triste, todo; se las dejaba en su tumba y me quedaba parada un ratito, como esperando alguna señal, algún movimiento, pero nunca pasó nada. Después de 5 cartas, dejé de escribirle. Iba con mucha molestia al panteón, no por estar enojada con mi abuelo, simplemente había perdido la motivación.
El tema de mi abuelo es el único tema, relativamente viejo, que me saca las lágrimas. Él fue el único abuelo con el que tuve (o al menos eso recuerdo) una conexión bonita. Mis abuelas son lindas, me caen muy bien; mi otro abuelo, lo veo una vez al año, supongo que también me cae bien; pero este abuelo, él fue mi primer amigo. Iba por mí a la escuela, me hacía reír muchísimo, me la pasaba con él y, esto es lo que más recuerdo, teníamos un juego, bueno, él lo inventó. El juego, básicamente, consistía en decir palabras con “J”, yo tenía 4 años, yo no tenía idea si sabía muchas o pocas palabras con “J”, pero igual hacía mi lucha: “Jesús, José, Jugar”. Ibamos empatados y era el turno del abuelo, yo no conocía más palabras con “J”, entonces saca su última carta: “¡Jelipe!” Reímos a carcajadas. “Esa no es una palabra con “J”, se dice “Felipe” ” Lo regañé, me sonrió. Pusimos música y me llevó a mi casa.
Eso es lo último que recuerdo.
El día de su funeral, yo era muy pequeña para entenderlo. Claro que me lo dijeron, pero yo no le dí la mínima importancia. Me fui a jugar maquinitas, a la tienda cerca de casa de mi abuela: “Papá, dame 2 pesos”, eso le dije cuando me comentó lo que pasaba. La maquinita tenía juegos de Mario . De nada sirvió jugar tanto, soy pésima en Mario. Nunca me he puesto a pensar que tanto me afecto (o no me afecto) la muerte de mi abuelo, el abuelo amigo. Sólo sé que cuando hablo de él, se me llena el pecho de aire y me dan ganas de llorar. Y sé que hubiera sido el mejor abuelo amigo, hubiera podido enseñarme a pescar, cuando llegara a su casa iría corriendo a abrazarlo. También sé que me hubiera dolido (perdón la expresión) en el ano perderlo siendo, yo, mayor. Todo pasa por algo y hay que pensar que es lo mejor.
Hoy me puse a arreglar su tumba. Era eso o quedarme sentada a morirme de calor. La dejé bonita. Muchas flores. Me acordé del juego y de él. Otra vez. Este año tampoco hubo señal. Pero tampoco hubo carta.
Y entre ustedes y yo, sigo esperando que exista esa señal porque creo que lo extraño.
Z