Se me movieron los días y hablé del “Año nuevo” antes de hablar de Navidad. Soy una burra. Bueno, bueno, es que la Navidad apenas es mañana, o alrato, o como sea. El día de comer pavo como si nunca pudieramos comer pavo, ¿o los pavos sólo nacen en vísperas navideñas? Miren, que bonito milagr0. El día de juntarnos con la familia y hacerle buena cara a la tía Mala Cara; el día donde el vecino que jode mucho, jode menos; el día que, si eres un niño, esperas con un chingo de ansias un regalito bajo un arbolito que te costo mucho trabajo no derrumbar mientras jugabas, y que, aunque te estés muriendo de sueño, aguantas hasta las 12 para decir “Gracias, panzón, te luciste este año. Esta estación de juego es más mejor que la de Piter”. Ah, perdón, ese fue un flashback muy feo. Me dió los creeps.
Bueno, Navidad, y la cena del día anterior, o Noche Buena, como les guste más (o menos), es todo un ritual en la cultura del mexicano promedio, o del católico güanabe, o del católico de “hueso colorado”, pues. Tenemos los regalitos y las tiendas comerciales hasta la chingada, atascadas de niños que corren y adultos que no saben que hacer con ellos; mucho vino, de todos colores y sabores; mucha comida; mucha habladera y felicitaciones.
Familias reunidas, poniéndole pausa a los rencores…en el mejor de los casos.
Pero sí, mucha reunión, abrazo, beso, apapacho. Una fiesta más, pues. Una fiesta más para celebrar la armonía o la hipocrecía, usted escójale.
No, no tengo malas experiencias, al contrario, mi familia es bien unida. O por lo menos no tan desunida como la del que lo duda. O algo así. Ya, ya, voy a detener el ranting mamón.
En resumen, tengan una bonita cena, coqueta, guapa, acogedora, no peleen, abracense, aprovechen la vacación, ríanse, canten, beban, coman y no se mueran (o como quieran).
Z

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