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Lo que verdaderamente está de moda es escribir. Cualquier cosa. Un libro pequeño, uno gigante; algo que se pasee por internet, algo que se pasee en un periódico; revistas y vueltas a ver; oraciones pequeñas, párrafos que parece, nunca tendrán un fin, que hablan de tantas cosas o de muchas otras…o simplemente de nada. A mí no me gusta estar de moda. Y no porque no me guste “estar de moda”, sino que no sé estar de moda. Cuando intento estar de moda, algo sale mal, entonces fracaso. Fracasar no está de moda. No me gusta estar de moda porque no puedo estar de moda. Moda, moda, moda. ¿Qué significa esa palabra de cualquier manera, no? ¿Para qué estar en boca de todos? Así es más fácil que nos escupan.
Lo que está de moda es escribir, y estoy escribiendo. ¿Para qué estar en boca de todo si así es más fácil que nos escupan? Porque también es más fácil que nos traguen. ¡La vida es una película, todos actúan y todos son falsos! Pero todos somos protagonistas. Todos-somos-protagonistas. O esperamos sentados a que el mundo se acabe. Somos héroes. Somos villanos. Yo prefiero quedarme del otro lado de la pantalla, detrás de cámaras, burlándome de lo que hago, burlándome de lo que hacen. No tiene sentido. Riendo de mí. Viéndome fracasar en lugar de salvarme. Pero, ¿a quién le gusta un personaje que no sufre? Yo sufro. Ámenme.
Estoy de moda. Ámenme.
Yo quería escribir películas, pero nunca supe cómo. Miles de guiones, borradores, todo copiado de reseñas de películas ganadores de millones de dólares. Ninguno era bueno. Corrijo. Ninguno era bueno pero sí mejor que el original. No, no es arrogancia. Es verdad. Nos divierten las comedias que terminan bien, pero yo nunca pude terminarlas bien. En realidad, nunca puedo terminar nada bien. Quería escribir películas para que me descubrieran en un bar, me pidieran trabajar junto a Ellen Page, me obligaran a rellenarme los bolsillos de billetes y me regalaran un departamento en San Diego. Realmente disfruto la playa. Pero las cosas no funcionan así, tampoco sé cómo funcionan. Lo único que sé es que mi atractivo no rebasa mi elocuencia y mi necesidad sexual, si bien, no está satisfecha, no precisa estarlo. “A ti lo que te gusta es el rock”. Nunca entendí esa frase. Nunca entendí las frases motivacionales regaladas en las fiestas, a las que apenas asistí; frases aventadas, desgarradas, hediondas, escuchadas en canciones de bandas noventeras que la gente no escuchó en aquel tiempo, pero se volvieron populares entre los labios de los pretenciosos, mejor dicho, de cualquier persona. Perdón, cualquier persona con un sentido musical educado, ¿mejor así? Río.
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Yo y el mundo. son una serie de relatos sobre Yo…y el mundo, claro. Disfrútenlos, respétenlos, ignórenlos, como vean. Este es el primero de, espero, varios más. Hechos por mí, sobra decir.
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